Cuando llegas por primera vez y lo ves, te recorren sensaciones encontradas.
Algo muy importante en la vida, es encontrar curiosos lugares, que son capaces de crear pequeños instantes.
El furancho León ha añadido a mi experiencia, un par de instantes dignos de ser recordados.

Este es un Furancho que de primeras no te dice nada, no tiene zona exterior, no tiene una gran decoración, pero si te atreves a no hacerle caso a esa primera sensación, no te vas a arrepentir. Lo más destacable no lo puedes ver…. lo tienes que probar.
Me siento en una mesa en la que tengo visión de todo el local, me gusta hacerlo siempre que puedo. Puedo analizar las caras de los comensales y la pinta que tienen los platos que voy a degustar.

GASTRONOMIA



Sabéis que soy más de blanco que de tinto y el furancho León tiene un albariño muy rico. Afrutado y ligero, sin ese amargor al final.
Pero lo que están impresionantes son sus empanadillas….. Buff. empandilla de rape, de chocos, de bacalao, de zamburiñas….
Tomarte esa taza de albariño, con esa empanadilla de zamburiñas, es un «PLACER» Solo por ese instante, ya vale la pena ir a conocerlo.
En general he de decir, que la comida esta sabrosa y elaborada al momento. Tiene su punto de sal y apetece repetir. Tengo que destacar la buena atención y el servicio. Tanto la cocina como las empleadas son raudas y veloces.
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